Del laboratorio a las políticas públicas: La trayectoria de la Dra. Gloria Inés Sánchez y su lucha contra el VPH

Gloria Inés Sánchez es una destacada científica colombiana que ha dedicado su carrera a la docencia, el estudio del virus del papiloma humano (VPH) y la prevención del cáncer de cuello uterino. La semilla de la curiosidad científica germinó en ella desde una edad temprana, de su época escolar recuerda su afición a la biología y cuando observó por primera vez una célula en el microscopio “aunque en ese momento no sabía que iba a dedicarme a la investigación, ya tenía claro que mi futuro estaba en el laboratorio, entre tubos de ensayo” afirma.

La Dra. Sánchez se formó como profesional en Bacteriología, cuenta con una maestría en Microbiología y un doctorado en Microbiología Molecular e Inmunología. Su entrada al campo de la investigación se dio por casualidad, mientras realizaba su rotación clínica en el Servicio de Erradicación de la Malaria del Hospital Universitario del Valle, en Cali, Colombia. Allí conoció a científicos dedicados al estudio de la malaria en el país, logró integrarse a un ambiente de investigación y aprender sobre el oficio científico, “yo hacía la rotación clínica y cuando finalizaba mi turno me iba a trabajar en el laboratorio hasta la medianoche, así empecé mi camino en la investigación, luego decidí dar el siguiente paso e ingresé a la maestría en Microbiología”, recuerda.

Más adelante, obtuvo una beca del National Research Council de los Estados Unidos e ingresó al programa de malaria del Naval Medical Research Command de la Marina de los Estados Unidos, en donde realizó investigación aplicada al desarrollo vacunas bajo la dirección del científico estadounidense Stephen L. Hoffman. Motivada por avanzar en su carrera científica, aplicó a una subvención del Programa Especial de Investigación y Capacitación en Enfermedades Tropicales – TDR, con el objetivo de encontrar recursos para iniciar con su formación doctoral.

“Conocí al TDR a través de mis profesores de maestría en la Universidad del Valle, científicos dedicados al estudio de enfermedades tropicales como el Dr. Sócrates Herrera, la Dra. Gloria Palma y el Dr. Gabriel Carrasquilla. Con ellos aprendí sobre epidemiología y estos conocimientos de base fueron determinantes para que me aceptaran en la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins University. Tuve financiación del TDR/OMS durante 3 años y gracias a esta beca pude completar mi doctorado en Microbiología Molecular e Inmunología”. Complementó su formación con una estancia postdoctoral en epidemiología del cáncer en el Instituto Catalán de Oncología – ICO (España) y la Universidad de Michigan (Estados Unidos).

La salud pública: una experiencia transformadora

Durante su estancia en Johns Hopkins, la Dra. Sánchez adquirió conocimientos sobre salud pública que le impactaron profundamente y cambiaron el rumbo de su carrera, que hasta ese momento se enfocaba en la malaria. “Un punto clave de la formación que recibí en Hopkins está en entender cuál es el valor político del conocimiento y cómo es posible transformar verdaderamente la sociedad desde el diseño de intervenciones de salud que se traduzcan en políticas públicas”, señala. En sus clases de virología conoció sobre la problemática mundial del cáncer cervical y el vínculo de esta enfermedad con el virus del papiloma humano (VPH), entonces, decidió embarcarse en el estudio del VPH y la prevención del cáncer de cuello uterino.

Retornó a Colombia en el año 2000 y se vinculó como docente e investigadora en la Facultad de Medicina de[1]  la Universidad de Antioquia, donde fundó el grupo de investigación Infección y Cáncer – GIC con el fin de generar conocimiento valioso y formar recursos humanos para hacer frente al cáncer, además de implementar acciones para la prevención y detección temprana de la enfermedad.

Más allá de su rol en la academia, la Dra. Sánchez es también una divulgadora científica que ha impulsado acciones en Colombia y Latinoamérica para promover estrategias basadas en evidencia de prevención del cáncer cervical como la vacunación contra el VPH y el uso de pruebas de tamizaje para la detección del virus en entidades del sistema de salud colombiano. Esta labor la ha llevado a tender puentes desde la academia hacia los tomadores de decisiones, el personal de salud y las comunidades, además, mantiene una fuerte presencia mediática tanto en medios tradicionales como en las redes sociales, buscando posicionar estos temas en la agenda pública e incidir en las políticas públicas.

En los últimos años, su trabajo se ha enfocado en la ciencia de la implementación. Se entrenó en esta materia con el National Cancer Institute (NCI) de los Estados Unidos y sus aportes fueron fundamentales para la elaboración del currículum de la Maestría en Epidemiología con enfoque en Investigación de la Implementación (IR), la cual hace parte del Programa Internacional de Formación de Posgrado financiado por el TDR y busca fortalecer las capacidades en IR de investigadores de países de bajos y medianos ingresos. 

“Estoy trabajando en ciencia de la implementación para empezar desde el nivel regional, desde la base comunitaria y tratar de influenciar los cambios políticos que se necesitan para mejorar la vacunación y reducir las brechas en las poblaciones más pobres del país, que es donde se encuentran más casos de cáncer cervical. Cada vez que empiezo un proyecto me pregunto cómo sus resultados van a impactar a las mujeres más vulnerables del país”.

Los desafíos de la investigación científica en Colombia y el sur global

Crear y mantener el grupo de investigación Infección y Cáncer ha sido un reto muy grande, los recursos son limitados y existen problemáticas estructurales que afectan la sostenibilidad de los grupos e intervienen en la producción de conocimiento, sin embargo, la Dra. Sánchez ha sorteado las dificultades del camino con dedicación y entereza, sin dejar de lado su fuerte sentido crítico frente a los desafíos estructurales del sistema de ciencia, tecnología e innovación (CTeI) en Colombia.

“Uno es un sujeto político como investigador”, asegura con firmeza, “los científicos en países de bajos y medianos ingresos se tienen que posicionar dentro de su contexto, dentro de su organización y dejar saber a la sociedad, a las comunidades donde está llevando a cabo su investigación cuál es su posición política respecto a los problemas que los afectan, cuestionarse si lo que hace tiene responsabilidad social”.

Finalmente, afirma que la debilidad en la financiación y la ausencia de una agenda clara de investigación que esté por encima de intereses políticos, impiden lograr una verdadera sostenibilidad de la gestión del conocimiento “necesitamos implementar mecanismos que garanticen una competencia equitativa y transparente por los recursos, además, es imprescindible apoyar a los jóvenes para que sean investigadores independientes y que no se queden a la deriva de su propio destino. Solo así se podrán crear capacidades locales, responder a las necesidades de las comunidades y evitar reproducir dinámicas de colonialismo científico”.


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